Con miedo y sin miedo yo puedo

“Dulces son los frutos de la adversidad,  los cuales como un sapo feo y venenoso, portan  una preciada joya sobre su cabeza» Shakespeare   ¿Por qué será, que cuando la vida nos pone en una situación “difícil” nos lamentamos? Soy del tipo de persona que no tolera a la gente “mala suerte” y es que […]

“Dulces son los frutos de la adversidad,  los cuales como un sapo feo y venenoso, portan  una preciada joya sobre su cabeza» Shakespeare

 

¿Por qué será, que cuando la vida nos pone en una situación “difícil” nos lamentamos?

Soy del tipo de persona que no tolera a la gente “mala suerte” y es que todos conocemos a alguien así, “el desgracias” esa persona que siempre tiene un problema, llega tarde al trabajo porque todo le pasa, chocó, lo mojaron, el metro no avanza, no había transporte, se murió su perro, se murió su abuelita, se murió su otro perro, se murió su otra abuelita, y yo puede que sea cruel pero me pregunto, ¿Cómo es que al resto de la gente de plano no nos pasan estas cosas?, y lo peor se acercan a ti como si estuvieras “obligado” a compadecerlos y pagar tu las consecuencias de dichas situaciones adversas, y no se confundan.

También soy la clase de persona que si te puede ayudar te ayuda a veces sin que se lo pidas, la clase de persona que haría todo porque las personas no se preocuparan por nada aun si esto significa que yo me tengo que preocupar por todo, pero esa clase de persona en especial es algo que no comprendo, recientemente tuve una pérdida importante y dada la carga emocional enfermé sin embargo diariamente cumplía con mis responsabilidades.

Es entonces cuando no comprendo si sabes que vives lejos y no hay transporte pues no trabajes lejos, si sabes que no te vas a despertar temprano pues trabaja en la tarde, opciones hay muchas, y no es que mi vida sea perfecta ni mucho menos, también me suceden eventos complicados que me ponen en jaque, sin embargo mi madre me enseñó que “cada problema es una oportunidad que tenemos para brillar”, y creo fielmente en eso.

Durante un tiempo mantuve un empleo que me gustaba bastante pero ya el lugar no me satisfacía del todo, como ya tenía una trayectoria me daba entre miedo y pereza buscar otra sitio, sucedió entonces “la desgracia”, vino un recorte de personal y despidieron alrededor de 25 personas, las de mayor antigüedad por supuesto, yo no fui una de ellas, una supervisora mía si, gente que había dedicado un cuarto de siglo a esa empresa fue bateada como una pelota con poco valor, fue uno de los días más extraños y grises que viví, recién ingresaba yo en el mercado laborar y vi gente llorar, personas confundidas, con miedo, pensando que lo habían perdido todo, personas de la tercera edad, gente de más de 35 años llenas de angustia porque no sabían que iba a suceder ya que eran el sustento de sus familias, se sentían grandes, que ya no tendrían oportunidades nuevas.

Los que nos quedamos pensábamos que no podríamos sin ellos, para mi sorpresa, el lugar siguió funcionando como siempre, la operación como si nada hubiera pasado (ahí aprendí que definitivamente NADIE es indispensable).

Algunos tuvimos que trabajar mucho mas y teníamos nuevas responsabilidades, sin paga por supuesto, y los que se fueron en poco tiempo tenían un mejor empleo en un mejor lugar, increíblemente sucedió todo lo contrario ese día “gris” se convirtió en lo que muchos necesitábamos para crecer, ser mejor y tener mejores condiciones, en lo personal me sirvió para demostrarme a mi misma que no tenía limites, que podía con eso y más aprendí nuevas cosas, generé confianza en mí misma y para los que se fueron bueno nunca hubieran subido ese escalón si no los hubieran empujado.

Es curioso como la vida nos pone en situaciones que nunca pensaste que tú podrías superar y al momento nos asustamos, nos frustramos, nos llenamos de incertidumbre pero es importante ver estas adversidades como un empujón, después de algún tiempo de trabajar mucho más de lo que mi paga cubría y al ver que mis compañeros habían crecido me animé a buscar otro lugar un sitio para mi donde mis conocimientos se valoraran tanto emocional como económicamente, el primer día que salí a buscarlo lo encontré, estaba listo para mi justo donde tenía y como debía ser un lugar donde todo lo que me vi obligada a aprender dada la contingencia brilló con tal luz que ahora ya nadie me para, y no mentiré aun tengo miedos en mi corazón pero me gusta luchar día a día para probarme a mi misma que con miedo y sin miedo yo puedo.

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