Es bien raro, pero sucede que por años deseamos, soñamos, escribimos o queremos algo que de pronto se ve taaaaaaan lejano, y de cierta manera intentas persuadirte de que no sucederá. Secretamente te convences que probablemente no lo mereces, pero si llegase a suceder que un día te encuentras con lo que tanto soñaste es […]
Es bien raro, pero sucede que por años deseamos, soñamos, escribimos o queremos algo que de pronto se ve taaaaaaan lejano, y de cierta manera intentas persuadirte de que no sucederá.
Secretamente te convences que probablemente no lo mereces, pero si llegase a suceder que un día te encuentras con lo que tanto soñaste es difícil de creer, incluso te dices cosas como ¡ay, no, no puede ser!, “demasiado bueno para ser verdad”.
Yo creo, que es una forma de protegernos por si algo sale mal no nos agarre tan desprevenidos y nos lastime lo menos posible, porque lo que sí nos ha pasado a todos es que nos hemos llevado alguna clase de desilusión por esperar algo que simplemente no sucede como nosotros pensábamos que lo haría.
Tal vez los regalos no eran los que queríamos en nuestro cumpleaños número 4, o esa bicicleta maravillosa que pedimos en nuestra carta del 06 de enero no llegó, o alguno de nuestros padres nos dio un regaño por algo que para nosotros pudo ser una felicitación y es como la vida nos va enseñando que las cosas malas pasan todo el tiempo y que las desilusiones están a la orden del día, se hace tan común ese sentimiento que cuando algo verdadera mente bueno nos pasa desconfiamos, pero cuando uno es adulto debe hacer conciencia de que el regalo que quería yo a los 4 años tal vez no llego porque mis papas podían darme solo el pastel, no porque no quisieran.
¿ Por qué nos cuesta tanto trabajo creer que los sueños si se pueden alcanzar?, deberíamos dejar a un lado los miedos que nos atormentan y confiar, confiar en nosotros, en la suerte, en Dios, en nuestro trabajo, hace poco leí una frase que dice “tu abundancia depende de tu disposición a recibir, abre tus brazos y deja que el universo te de mas” y es muy cierto, muchas veces nos cerramos para no sufrir, pero seamos honestos añoramos cosas en secreto y eso también nos hace sufrir.
Recientemente mi vida ha cambiado en varios sentidos y de un modo muy rápido, y todo fue porque me atreví, me atreví a soltar lo que era seguro pero que no me llenaba por completo que ya no me hacía sentir viva y fue como magia que en el momento que yo decidí soltar eso que ya no me hacia feliz apareció eso que había sido hasta entonces un sueño para mi, algo que solo estaba escrito en mis textos y vivía en mi mente, y para ser honestos cuando llegó tuve miedo, mucho miedo, tanto miedo que no me la creía pensaba constantemente en que no podía ser así de perfecta y exacta la vida, que algo había atrás, que algo no estaba bien o que estaba en exceso bien y eso no podía ser real, porque la vida no es así, porque siempre nos sorprende con algo horrible, y por más vueltas que le daba no encontraba ese lado “malo”.
Algo paso en mi corazón esa chispita que te empuja a querer, a creer, y tomé el riesgo, pensando en que si no funcionaba al menos lo habría intentado y segura de que quería volver a sentir, solté por completo lo que era seguro y me decidí por vivir el sueño, a varios meses de esa decisión puedo decir que la parte “mala” aun no aparece que todo ha sido como está escrito en mis textos de la adolescencia y que los sueños tarde o temprano se vuelven realidad, que las cosas buenas si suceden, que las personas buenas existen, que en el mundo todavía se puede confiar, que debemos trabajar cada día por lo que queremos y nunca dejar de soñar, pero sobre todo he aprendido a “atreverse” a hacer las cosas a pesar del miedo y vivir el momento, disfrutarlo con la conciencia de que si algo sale “mal” siempre lo puedes volver a intentar y la próxima vez te aseguro será 100 veces mejor.
Lo importante es abrir los ojos y los brazos y dejar que el universo haga la magia.