Usualmente solemos relacionar el amor con el corazón, de ahí que todos tengamos miedo a que alguna vez nos “rompan el corazón”, y aunque este órgano si reciente esa pérdida, lo cierto es que nuestros sentimientos se originan en nuestro cerebro, en la zona del hipotálamo, pero ¿en realidad donde se concibe el amor? Para […]
Usualmente solemos relacionar el amor con el corazón, de ahí que todos tengamos miedo a que alguna vez nos “rompan el corazón”, y aunque este órgano si reciente esa pérdida, lo cierto es que nuestros sentimientos se originan en nuestro cerebro, en la zona del hipotálamo, pero ¿en realidad donde se concibe el amor?
Para ser más específicos, de acuerdo con Herminia Pasante, investigadoras del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, el amor, junto con otras emociones de placer como la felicidad, se producen en la zona de circuito de recompensa, ubicada debajo de la corteza cerebral.
Además de activar las sensaciones de placer y euforia producidos por neurotransmisores como la dopamina y serotonina, el circuito de recompensa se encuentra conectado con el área que permite a nuestro cerebro razonar, por ello que cuando estemos enamorados tomemos decisiones sin pensar detenidamente o cometamos locuras.

Y aunque el amor puede resultar un sentimiento interesante debido al enorme placer y felicidad que provoca, también puede tener un lado peligroso, ya que su efecto adictivo es comparado al de una droga, generando sentimientos y emociones negativas como los celos y los miedos, esto debido a que ocurre una baja en la producción de sustancias.
No obstante, quizá la parte más interesante es que las emociones no envejecen, es decir, con la edad algunas funciones del cerebro se van deteriorando y decayendo, mientras que el circuito de recompensa no pasa por este proceso de envejecimiento.