Juventud silenciosa

¿Alguna vez has sentido que estás haciendo algo malo? ¿Ese pequeño dolor de estomago con nausea? Pues es lo que sentimos la mayoría cuando besamos, o incluso, cuando pensamos en una persona del mismo sexo, pero, ¿por qué? Porque así fueron educados nuestros antepasados, y no me voy tan lejos, sólo hay que remontarse a […]

¿Alguna vez has sentido que estás haciendo algo malo? ¿Ese pequeño dolor de estomago con nausea? Pues es lo que sentimos la mayoría cuando besamos, o incluso, cuando pensamos en una persona del mismo sexo, pero, ¿por qué?

Porque así fueron educados nuestros antepasados, y no me voy tan lejos, sólo hay que remontarse a la generación de nuestros abuelos.

El hecho de sentirte mal, es porque hay precedentes de que es algo malo, pensar que es prohibido cuando en realidad no lo es. Gracias a esa sociedad intolerante sufrimos, y sufrimos en silencio.

Muchas veces, te detienes al entrar en contacto con la persona que te gusta, ese miedo de no saber cómo reaccionará y la incertidumbre de no saber si te expondrá a todo el mundo, es espantosa, cuando en realidad, en una relación o coqueteo heterosexual, lo máximo que podría pasar sería un “bateo” y al día siguiente eso se olvida. Pero, siendo gay es mucho más complicado, sobre todo cuando no estás seguro de lo que estás haciendo o si no eres abiertamente gay. Es una guerra en la mente que se lucha cada segundo del día.

A continuación les muestro un cortometraje donde la culpa, indiscreción y miedo están presentes en cada momento.

Las opiniones presentadas en el texto son meramente basadas en mi experiencia y opinión personal, no significa que sean correctas o adecuadas. El medio que representa la columna queda deslindado de cualquier suposición, opinión y responsabilidad de la información proporcionada por el autor. 

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