Todavía no sé exactamente como sucedió, cómo llegue ahí y porque no sentía miedo si yo siempre había sido sumamente cuidadosa con mi persona y mi cuerpo, sin embargo esa primera noche de primavera guardaba para mí un maravilloso regalo de esos que, ya ni me acordaba que había escrito sobre una carta que lancé […]
Todavía no sé exactamente como sucedió, cómo llegue ahí y porque no sentía miedo si yo siempre había sido sumamente cuidadosa con mi persona y mi cuerpo, sin embargo esa primera noche de primavera guardaba para mí un maravilloso regalo de esos que, ya ni me acordaba que había escrito sobre una carta que lancé en un globo, un 6 de enero hacía unos 16 años atrás, cuando escribía en compañía de mis hermanas y mi madre sobre el novio “perfecto” el que soñaba para mí en un papel pequeño y con letras muy grandes; era un lugar especial y en sus propias palabras “humilde” medio vacío de cosas pero lleno de él, su olor estaba en el aire y su energía, que es muy especial, golpeaba las paredes, por el contrario de lo que pudiera haberme imaginado me miraba con muchísima mas dulzura que deseo, me hablaba con mas ternura que con insinuaciones, yo no dejaba de mirarlo me parecía un ser humano tan natural sin máscaras, si pretensiones únicamente siendo él, me divertía el modo en que él se sonrojaba si me encontraba observándolo sin hablar, pero es que era inevitable cada cosa que decía y hacia era literal como en mis sueños, yo no dejaba de preguntarme si todo lo que estaba viviendo podía ser real o cuándo llegaría la parte mala donde me encontraría con la realidad?, la que es tan cruel como todo el mundo dice.
Minutos más tarde escuché algo que de pronto me hizo fruncir el ceño – “Este cepillo de dientes lo dejas aquí porque vas a estar viniendo seguido”- … ¿Si?.. Susurré para mí, hasta ese momento no sabía que estaba frente a esa persona con la que tiempo después decidiera pasar el resto de mi vida.
¿Quieres una playera para dormir?… Te voy a comprar unas sandalias para que cuando vengas estés muy cómoda, mientras tanto usa las mías para que no pises frio… fueron algunas de la frases que parecen muy sencillas pero que yo jamás había escuchado, frases que me parecían raras y encantadoras al mismo tiempo, frases que me fascinaban pues entreveía el interés especial de él para mi persona. La luz de la habitación se apagó después de alistarnos para dormir, una enorme ventana frente a la cama cubierta por una delgada cortina, dejaba pasar todos los rayos de luz que emitía el farol ubicado por fuera del edificio, sus brazos rodearon mi cintura y sus ojos que son muy expresivos me miraron fija y tiernamente justo antes de que sus gruesos labios besaran los míos, fue como magia, como si mi alma y la suya se conocían de antes, como si su cuerpo conocía al mío del pasado, vivíamos extraña y maravillosa conexión, sus ojos me transmitían algo parecido al amor y sus manos me daban toda la seguridad que ocupaba para no tener miedo, para ese momento la playera que me prestó para dormir ya se encontraba en el frio piso, a un costado de ese sexy Calvin Klein rosa que el llevaba al acostarse … “Gracias por quedarte”… me dijo mientras cerraba sus ojos y se recostaba a un lado mío, cada palabra y cada gesto me parecían tan exactos, como si el leyera mi mente, o como si ese chico que yo escribí hubiera cobrado vida, “Mejor me visto porque si no, no se duerme” … sonrió arrogante y se levantó, parado de espaldas a mí y desnudo frente a la ventana que iluminaba su perfecta silueta, pude observarlo fijamente sin restricciones, esa espalda ancha con músculos marcados que resaltaban el enorme tatuaje que la cubría, la pequeña cintura donde comenzaba a marcarse la tan deseada “V”, las enromes y torneadas nalgas antecediendo las marcadas piernas me hicieron sentir como en el cielo… pero en la tierra.